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martes, 18 de enero de 2011

VIAJE A LA PROVENZA CON DECLÉOR: SOLANGE DESSIMOULIE, LA FUNDADORA DE LA FIRMA

Las entradas de hoy y de mañana van a estar dedicadas al viaje que hice con la firma DECLÉOR a la Provenza francesa el pasado mes de julio. Estaba deseando contaros esta experiencia, pero por circunstancias que no vienen al caso, he retrasado la publicación de esta entrada hasta hoy.

El viaje duró prácticamente tres días, y os aseguro que fueron bien intensos. Dieron de sí todo lo que os podéis imaginar y más. Es por eso que he dividido la información en dos entradas. En esta primera quiero presentaros a SOLANGE DOSSIMOULIE, la fundadora de la firma DECLÉOR (1974). Una de las grandes DAMAS DE LA BELLEZA, así con mayúsculas. Aquí la tenéis.

SOLANGE nos acompañó en el viaje a la Provenza y nos contó su historia (fascinante, dicho sea de paso) y cómo surgió su vocación por el mundo de la estética y la cosmética. Una mujer con una historia personal tan fascinante como lo fueran en su momento ELIZABETH ARDEN, HELENA RUBINSTEIN o ESTÉE LAUDER.

IMAGEN DEL GRUPO

¿No os hubiera gustado muchísimo haberlas conocido a todas y que nos contaran su historia de primera mano? Pues eso es exactamente lo que pude vivir durante el viaje a la Provenza, al uno de los lugares donde se producen los aceites esenciales de DECLÉOR.

Voy a dejar que sea la voz de SOLANGE DESSIMOULIE la narradora de su propia historia:

"Tenía 14 años y un día que estaba en el campo, ví a una mujer joven muy guapa, muy chic, y me impresionó tanto que dije: “Voy a preguntarle qué es lo que hace para estar así” Y ella me contestó: ”¡Soy esthéticienne!”. (Voy a escribir esta palabra en francés para intentar transmitiros la forma de hablar y el acento de Solange, así como su entusiasmo y admiración al pronunciarla).


No sé qué debí entender que era eso de ser esthéticienne pero me quedé sin habla, totalmente impresionada por aquella mujer joven, bellísima y tan chic. Y empezó a hablarme de su trabajo, de lo que hacía... Terminé de sacarme mi certificado de estudios y busqué la manera de convertirme en “esthéticienne”


En aquellos años, la única manera de acceder a esta disciplina era estudiando en París y eso costaba un dinero que no tenía, así que empecé mis estudios por correspondencia. Tenía que cada tres meses a París para estar una semana asistiendo a las clases en el colegio. Así conseguí mi diploma, después regresé a mi pueblo, en Perigord, y nadie entendía el significado de la palabra “esthéticienne”. Pensaron mal de mí. 


CARTEL DE LA PELÍCULA VENUS BEAUTÉ



La Académie Scienthific de la Beauté, de París conseguía trabajo a los tres mejores de cada promoción. El puesto de trabajo que estaba destinado al nº 1 era el Instituto de Belleza de Maurice Messegue, en Grasse. Yo ocupaba el 3er puesto de mi promoción.


ACADÉMIE SCIENTHIFIQUE DE LA BEAUTÉ, FOTO DE ARCHIVO, AÑO 1926
Ocurrió que la 1ª de la promoción se puso enferma y la 2ª de la promoción no quería irse a Grasse. "¡Fenomenal!", pensé, "¡El puesto para mí!". Así que, empecé a prepararme para el viaje. Me quería comprar algo simbólico para ir a verle: un bolso y unos zapatos amarillos. Era el final de los años 50’. El tono amarillo que sería después el color corporativo de la firma.
BOLSO BIRKIN DE HERMÈS Y ZAPATOS DE CHAROL AMARILLO DE ROGER VIVIER



En esos años, el Sr. Messegue estaba en plena campaña de lanzamiento de sus productos para adelgazar de forma equilibrada y evitar el efecto rebote, en Alemania. Desde luego, hablar de “adelgazar de forma equilibrada” y de “efecto rebote” era algo muy novedoso y revolucionario para aquellos años. Adelgazar es fácil, pero estabilizar el peso es algo muy complejo.



Allí aprendí muchísimo sobre fitoterapia, a dar masajes, sobre tratamientos de estética… Estuve un año con él. Después me dijo que si me iba a Alemania a llevar su centro allí, pero no quise y empecé a buscar trabajo en otros institutos de belleza, como el de Orlane


Pero donde yo quería trabajar de verdad era en el Instituto Payot y conseguí entrar a trabajar allí. En aquellos años, nadie hacía tratamientos de cabina en los que tuvieras que desnudarte para recibir un tratamiento facial, pero Madame Payot tenía otras técnicas. Por ejemplo, solía empezar los tratamientos faciales con un masaje de espalda. Eso se ha quedado ya como “sello de Decléor”.


MADAME PAYOT DURANTE UN TRATAMIENTO CORPORAL. IMAGEN DE 1947


Comencé a viajar mucho por toda Francia con la firma Payot y eso me hizo que tuviera puestos de responsabilidad y que estuviera muy cerca de la dirección de la empresa. Yo aportaba muchas ideas porque estaba muy volcada en mi trabajo. 


De ahí, pasé a la firma Clarins y trabajé con Jacques Courtin-Clarins, su fundador. En Clarins hacía de todo, desde atender a las consumidoras a realizar tratamientos de cabina. A lo largo de mi carrera, he tenido la oportunidad de trabajar con auténticos líderes en el sector, como Maurice Messege, Madame Payot o Jacques Courtin-Clarins. Éste último era un hombre muy, muy inteligente. Un hombre magnífico que, a su vez, siempre se rodeaba de personas muy inteligentes porque pensaba que cuánta más valía e inteligencia tuvieran sus colaboradores, más alto estaba él.

Jacques Courtin-Clarins me dio la oportunidad de conocer desde dentro cómo funcionaba una firma de cosmética y eso me vino muy bien cuando cree DECLÉOR. Durante aquellos años, además de trabajar en Clarins, los fines de semana trabajaba en una perfumería en París.

Un día, entró en la tienda un matrimonio algo mayor para comprar máquina de afeitar y me pidió una de Remington, que entonces costaban una fortuna. Y ahí aprendí una de las lecciones de venta más importantes de mi vida porque según me dirigí a la caja con ellos para cobrarles la máquina, empecé a decirles: “Ya sabe que tiene tres años de garantía, y si tienen algún problema, sólo tienen que venir por aquí…” No pude terminar lo que estaba diciendo porque él me interrumpió: “¿Tres años? Hace un año sólo que compré una máquina y se me han estropeado, creía que sólo tenían un año de garantía, por eso he venido a comprar otra, pero si sigue estando en garantía, la traigo para que me la arreglen”


Y así, perdí una venta, pero le dije: “No se preocupe, que si Vd. compró la máquina hace un año, tráigala que se la arreglamos”. Desde entonces, esa pareja venía a verme todos los fines de semana a comprarme algo.
PERFUMERÍA PARISINA AÑOS 60'


Resulta que ese matrimonio eran propietarios de un laboratorio de farmacia y no tenían hijos, pero eso yo no lo supe en aquel momento. Un día me invitaron a comer a su casa y llegué ¡¡¡a un castillo!!! Yo, que vivía en una pequeña buhardilla de Paris y tenía que compartir el baño con otros inquilinos del edificio, empezaba a estar invitada a comer todos los domingos en un castillo. Durante las comidas hablábamos muchísimo de lo que hacían y me parecía un trabajo muy interesante. Un día, me regalaron cuatro fórmulas, que todavía existen. Me dijeron: “No tenemos descendencia y no sabemos lo que va a pasar con el laboratorio cuando nosotros faltemos. Esto es un regalo que queremos hacerte. Aquí las tienes.”


En principio, las guardé porque no les di mucha importancia y nunca les pregunté qué hacer con ellas, pero cuando ellos murieron, pensé en que esas fórmulas tenían mucho valor. Aquí aprendí otra lección importante de la vida: “Cuando tengas la oportunidad de estar con gente interesante, pregúntales, acércate, habla con ellos y enriquécete con sus aportaciones”.


La primera fórmula utilizaba prolina hidroxipolina, que es lo que se utilizaba en la unidad de quemados en el Hospital de Saint-Louis, por su gran capacidad de regenerar el colágeno de la piel. Ayudaba a que el colágeno se auto-regenerara solo, lo que en aquellos años era algo excepcional. Empecé a ir al Hospital de Saint-Louis para ir a ver cómo funcionaba exactamente la piel y a partir de ahí, surgieron los nombres de las fórmulas.


La primera línea completa que saqué, en plena década de los 60’, se denominó PROLAGÈNE y le encargue a un farmacéutico su elaboración. En aquellos años, yo tenía granitos en la cara y empecé a probarlo en mi propia piel y vi cómo se iba transformando. La línea era completísima: leche limpiadora, tónico, gel, crema…


La segunda fórmula estaba dirigida al alivio de las piernas pesadas, se denominó CIRCULAGEL y se podía utilizar incluso encima de las medias. Pero también lo podías utilizar en pequeñas cantidades para masajes craneales, o para eliminar cardenales.


El tercer producto se llamó CELLULION y estaba destinado a eliminar la celulitis. Cuando salió, en 1968, fue toda una novedad porque no había nada similar en el mercado. Ahora ya no existe, pero en su momento, nos hizo ganar mucho dinero. En aquellos años, yo todavía trabajaba en Clarins, pero además, trabajaba con un farmacéutico y comercializaba estas líneas de cosmética sólo para cabina estética. Todavía no había fundado DECLÉOR. Eso sería en 1974.


El cuarto producto era un sistema que utilizaba la ionización y los polos positivo y negativo de las corrientes eléctricas para penetrar mejor en la piel. Ya se estaban utilizando las corrientes eléctricas en la cabinas de estética, pero el sistema que tenían en aquellos años era poco higiénico y a mi se me ocurrió la idea de cómo mejorarlo en este aspecto por medio de unas esponjitas. 


Y lo que hice fue dirigirme a las esthéticien parisinas y ofrecerles mi método de ionización y todos mis productos de cabina estética: PROLAGÈNE, CIRCULAGEL, CELLULION y la ionización. Aquello abrió muchísimo el mercado porque hasta la fecha, las cabinas de estética sólo hacían tratamientos faciales y nadie se hacía nada en el cuerpo, pero con la llegada de los años 60, el bikini y Brigitte Bardot, tener una buena figura se había convertido en algo importante. Así que, los tratamientos corporales comenzaban a despuntar y a convertirse en un auténtico filón.


BRIGITTE BARDOT AÑOS 60'


Como había aprendido con Maurice Messegue muchísimo sobre los tratamientos para adelgazar, protocolos de masaje para drenar y eliminar celulitis, y ahora, con estas fórmulas, pensé en lanzar una pequeña línea dirigida a los tratamientos corporales. Esta filosofía sería después la clave de DECLÉOR


Se lo propuse a Jacques Courtin-Clarins y no lo quiso porque lo percibió como un enfoque demasiado farmacéutico, así que, me dirigí a una empresa que tenía aparatología de cabina y fueron ellos los que me dijeron: “Deja Clarins y vente con nosotros”. Y así fundé CLÉOR, que significa en francés “llave de oro” y que siempre he terminado con otra: “para abrir el templo de la belleza”, que es tu propio cuerpo. Porque soy de las que pienso que el cuerpo es eso un templo que está recubierto por una piel muy bella que hay que cuidar por dentro, con lo que comemos, y por fuera, con los productos y los protocolos adecuados, siempre. Y es necesario mantener un equilibrio.


El 23 de enero de 1974 se funda CLÉOR y se dirigía a la cabina profesional y a la farmacia. La nueva sociedad estaba compuesta también por un médico y un farmacéutico que trabajaban con pacientes con problemas de la piel. Poco después, se incorporaron al equipo otro médico, un químico de Clarins y ya en 1978, una terapeuta química y especialista en aromaterapia, CAROLINE COLLIARD, que tenía un “expertise” extraordinaria y era la dueña del “Centro de Aromaterapia Estética de París”. Me habían dicho de ella: "Tienes que conocerla" y efectivamente, este sería otro de esos encuentros que cambian el rumbo profesional de tu vida.


Caroline Colliard estuvo cinco años trabajando en la tumba de Tutankamon y era 30 años mayor que yo. Cuando la conocí, Caroline tenía 60 años y yo 30.  Me quedé impresionada por la calidad y la juventud extraordinaria de su piel. “¡Pero qué piel tan magnífica tiene! Así querría llegar yo a su edad”, pensé. Ella utilizaba aceites esenciales en su piel.


Caroline había estudiado los efectos de los aceites esenciales en las tumbas egipcias y al hacer la disección de cuerpos en órganos como el hígado, encontró ADN celular que había llegado intacto gracias al efecto conservador de los aceites esenciales en las momias. Medio en broma, Caroline decía siempre: “Para qué esperar a morirnos para embalsamarnos”. Es evidente que ella los utilizaba en su propia piel y desde su Centro de Aromaterapia Estética, en su clientela.


Durante 4 años iba todos los sábados y domingos iba a la Facultad de Medicina de Bobigny y allí surgió otro encuentro que nos ayudó a dar un paso más. Pero pensad en las dificultades que tenía para acceder a estos cursos porque tan sólo podían asistir médicos, farmacéuticos o químicos. Me dejaban asistir a clase porque veían mi gran interés. Eso sí, tenía que ser muy discreta. Una vez, uno de los catedráticos, al ver que no copiaba las fórmulas, me llamó la atención: “Si a usted no le interesa, puede marcharse”
Yo lo pasé fatal porque lo que ocurría es que no entendía el latín de dichas fórmulas, entonces le expliqué el motivo de mi interés por asistir a sus clases, mi proyecto con la firma CLÉOR y todo el trabajo que había estado realizando desde hacía tantos años y me dejó seguir asistiendo a sus clases, pero a partir de ese momento, el profesor también explicaba las fórmulas en francés, además de latín. Era muy simpático. Con él aprendimos todas las propiedades de los aceites esenciales sobre la piel, sus efectos sobre la hidratación y su capacidad para luchar contra los radicales libres.



A partir de 1983, y por motivos legales, la marca CLÉOR pasó a llamarse DECLÉOR. Durante todos estos años de colaboración con Caroline, ella se dedicó siempre a la parte más científica de DECLÉOR y yo me dediqué a traducir todos estos conceptos a nuestras esthéticienes y a nuestro departamento comercial.


Nuestro desarrollo internacional comenzó en Inglaterra, donde actualmente somos líderes en tratamientos de cabina, también en Noruega. Después comenzamos en Asia: Singapur, Hong Kong… Cuando comenzamos en el continente asiático, como teníamos poco dinero, hacía reuniones de consumidoras y les contaba mi concepto, de esta forma, les creaba la necesidad de utilizar nuestros productos y les gustaban mucho. 

Las reuniones cada vez eran con más y más consumidoras, hasta que una vez, me organizaron una reunión con santísimas que fue en un teatro y me tuve que subir a un escenario. Me quedé muda, sin habla y con la mente en blanco frente a aquel grupo de mujeres tan increíblemente numeroso. Pensé: “Y yo qué les cuento, si ellas saben de masaje mucho más que yo. En Francia hablamos de las arrugas, pero estas mujeres tienen una piel increíble, sin manchas, ni arrugas, ni granos. ¿Qué les cuento? Trataré de ser agradable”. Y comencé mi discurso sobre aromaterapia. 


Conseguí llegar a ellas y que me contaran cuáles eran sus problemas en la piel. Y estos eran muy diferentes: poros dilatados, un tipo de granitos blancos y muy pequeños que no se parecen a los occidentales, manchas oscuras en la piel y una gran preocupación por tener el tono uniforme y luminoso en la piel.
Cuando llegué a Los Angeles, en plena década de los 80’ las mujeres estaban obsesionadas por estar siempre bronceadas y sin arrugas, y seguían la serie “Belleza y Poder”. Todas las mujeres querían parecerse a sus protagonistas. Se sometían a operaciones de cirugía estética que dejaba cicatrices sobre la piel y esas eran sus preocupaciones fundamentales: eliminar arrugas, proteger la piel del efecto de los radicales libres y eliminar las cicatrices que dejan los lifting y demás operaciones. Y dirigí la investigación de DECLÉOR en direcciones nuevas, como el estudio de los puntos y meridianos de acupuntura a la hora de trabajar con los aceites esenciales o la forma de eliminar cicatrices.


Me empecé a interesar por el estudio del Tai-Chi y las técnicas de defensa personal orientales, pero también por el Chi-Kung, un sistema de equilibrio personal a través de la que podemos conectar nuestras emociones y nuestro cuerpo físico para mejorar nuestra salud, para conectar con nuestra propia energía y unificarnos con el universo. 


A partir del estudio del Chi-Kung, he desarrollado todo un sistema de aplicación de los aceites esenciales a través de los puntos de acupuntura para que con solo dos gotas sus beneficios fluyan hace el resto del cuerpo por el camino más adecuado. Hay puntos en el rostro que tienen conexión con el hígado, con el corazón, los intestinos, el riñón, con el corazón. Por ejemplo, si te emocionas y tu corazón se altera, tu rostro enrojece. En el rostro están todos los meridianos de los órganos del cuerpo, al igual que pasa con los pies y la reflexología.
Los aceites esenciales son productos muy activos porque están vivos y al estar vivo y penetrar en el cuerpo, su eficacia se potencia muchísimo. Con sólo dos gotas y una buena aplicación en los puntos de acupuntura claves, los aceites esenciales penetran en el resto de la piel porque son muy volátiles.


IMAGEN DE SOLANGE DURANTE EL VIAJE A LA PROVENZA


Ahora tengo 70 años y me sigue apasionando mi trabajo, por eso sigo dentro de la firma así que, soy su EMBAJADORA desde el departamento comercial y de atención al consumidor en Francia. Eso significa que si tienes cualquier duda sobre los aceites esenciales o cualquier producto de cosmética de DECLÉOR, seré yo misma quien te responderá al otro lado del teléfono.>>
CON UN GRAN BESO ME DESPEDÍ DE SOLANGE
OYENDO HABLAR A SOLANGE, TENGO LA SENSACIÓN DE HABER ESTADO UTILIZANDO MAL LOS PRODUCTOS COSMÉTICOS TODA LA VIDA, PORQUE CUANDO CONOCES LO QUE HAY DETRÁS DE ESTA FIRMA, VES QUE HAY TODA UNA FILOSOFÍA DE VIDA MUCHO MÁS COMPLEJA DE LO QUE PUEDE PARECER 
A SIMPLE VISTA ¿VERDAD? 

ESPERO QUE OS HAYA RESULTADO 
INTERESANTE ESTA ENTRADA.

MUCHAS GRACIAS POR LEER Y COMENTAR
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