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CONVERSACIONES VERANIEGAS INTRASCENDENTES

Inevitablemente, cuando estoy con mis amigas y familia acabamos “hablando de belleza”. Ya sea la propia o la ajena, aunque siempre ésta última es muy susceptible de convertirse en cotilleo. Pero como es verano, está bien eso de mezclar las grandes “verdades” (si es que existe alguna) con lo absolutamente intrascendental. No sé, parece que refresca un poco el ambiente (por decir algo). En cualquier caso, saber hablar de cualquier cosa y reirse (empezando por uno mismo) siempre me pareció un ejercicio que, bien practicado en grupo, tiene propiedades antioxidantes (para la mandíbula, por ejemplo). Y si a “hablar de belleza” acaba en carcajada limpia, no le pongo ningún “pero”.

Al grano, en una de esas “tardes de chicas” que tanto nos gustan a todas, fuimos a ver la recién estrenada Mamma Mía! y claro, el comentario era inevitable: “¿Habéis visto cómo está de estupenda Meryl Streep? ” Seguido de un: “Seguro que se ha hecho una liposucción”. Y yo, toda 
digna, justifico: “No, es que esta gente de Hollywood 

está muy autoconcienciada de lo importante que es cuidarse porque viven de su imagen y tienen entrenadores personales, van a los mejores institutos de belleza, tienen entrenadores personales, bla, bla, bla…” Pero la otra 
no se dejaba convencer: “No, no, seguro que se ha hecho una liposucción…” Y yo seguía en mis trece: “Pero mira las arrugas que tiene en la cara. Si no se las ha quitado ¿por qué se iba a haber hecho una liposucción? A lo mejor es que se cuida mucho y hace mucho ejercicio”. Como a la segunda intentona vi que no había manera, pensé que ella estaba tratando de autoconvencerse de que sus kilos de más no estaban ahí porque comía lo que no debía, sino porque no había pasado por el quirófano. Se oye: “¿Y el tipazo que luce Carmen Cervera en el Hola!? ¿No habéis visto las fotos con el bikini verde? Está espectacular”, seguido de un: “Quien tuvo, retuvo”. En fin, un diez para Tita.

Acabamos riéndonos de los kilos de más que nos sobran a muchas, de lo difícil que era quitárselos de encima, de lo tedioso que resulta ir al gimnasio todos los días, de la envidia 
absolutamente insana que nos producen esas 
personas que tienen dinero a raudales para estar pendientes de su figura todo el tiempo, de lo asquerosamente guapa que estaba tal o cual actriz o famosa…. en la heladería del paseo de la playa, frente a una copa de 24 sabores que compartíamos entre siete (milagro, estábamos todas), cumpliendo un deseo infantil que 
ninguna se había atrevido a confesar hasta el momento, pero que nos hizo 

regresar a nuestra infancia pre-adolescente, que es cuando se experimentan un gran número de sensaciones por primera vez. Por ejemplo, una incipiente libertad que te hace sentir más viva.
Otro día, en la terraza de una de nosotras mientras nos arreglábamos para salir, surgía el inevitable tema: la operación de estética del verano que se ha hecho Letizia Ortiz y el debate estaba servido. Bueno, pues a mí me dan igual sus motivos y, además, hoy en día esa operación puede hacérsela casi, casi, cualquiera. El tema de la cirugía estética lo tuve siempre claro, pero a la par que se producía la conversación sobre la operación de Letizia, me encontraba enseñando a maquillarse los ojos a otra de mis amigas que se queja de que tiene un poco de “pellejito” en el párpado y estaba pensando hacerse un “retoquito solo para eliminar ese poco que le sobra”. Considero a esta amiga (no diré nombres) una mujer equilibrada, realista 100%, de buen humor, con mucha simpatía, buena profesional y amable por los cuatro costados. En ningún caso se trata de una persona acomplejada. No obstante, automáticamente sentí que ella se iba a ver mejor si lo hacía (si la 

operaban bien, claro está) y pensé que ella iba a ganar atractivo ante ella misma, que es justamente lo que todas queremos, vernos más guapas. Pero otra de ellas era rotunda: “Hay que estar loca de remate para pasar por un quirófano. Te estás exponiendo a quedarte allí por un complejo absurdo. Mira como están todas: la misma boca, la misma nariz, los mismos pómulos… Si no fíjate en Madonna, parece un monstruo”. “Si Madonna lo hace, por algo será y seguro que tiene razón” se oye por ahí. “La que no parece la misma de cuando empezaba es Demi Moore”… “Para mí, la que mejor ha sabido hacerlo es la Preysler, que está mucho mejor ahora que cuando se casó con Julio Iglesias”… Respuesta: “Es que se cuida mucho 
porque puede y porque quiere, pero no siempre es cuestión de dinero porque hay miles de personas que tienen la misma posibilidad de cuidarse tanto como ella y no lo hacen, por el motivo que sea. Para el colmo, están las que teniéndolo todo, desperdician sus posibilidades metiéndose drogas y otras porquerías al cuerpo”. Aquí, el acuerdo fue unánime y de repente vimos lo lejísimos que queda el mundo del papel couché y las vidas de sus protagonistas de la realidad que nos ha tocado vivir a cada una de nosotras. Y no sé por qué, lo encontramos reconfortante. ¿Será por aquello de lo genial que resulta ser anónimo, ir a donde uno le da la gana, hacer lo que cada uno quiera y pasar total y absolutamente desapercibido? Otra posibilidad es que como no lo tenemos…, que nos conformamos con poco…, pero no voy a psicoanalizarme. Y a mis amigas, menos.
Y la pregunta era inevitable: ¿Qué parte de tu cuerpo te cambiarías? Y aquí hay sorpresas: “Me gustaría tener una dentadura de esas perfectas y resplandecientes, como las que lucen en Hollywood”. Me fijo un poco más en la autora de la frase y me doy cuenta de que su dentadura es normal y correcta, y en ningún caso, fea. Le pregunto: “¿Cómo la de Tom Cruise?” Respuesta: “Pero en chica.” Nunca dejarán de sorprenderme, aunque creo que en su caso, con un simple tratamiento de blanqueamiento dental, la cosa quedaba bastante bien.
Una noche le tocó el turno al perfume y de repente, dos bandos. Las que quieren ser recordadas por una única fragancia y desean que cuando alguien de su círculo de amistades huelan dicha fragancia en cualquier lugar digan: “Huele a Mari Pepa”, “Mari Pepa ha pasado por aquí” (por decir un nombre) y las que no pueden evitar sucumbir a los encantos de las mil y una fragancias que ofrece el sector y quieren un perfume para cada estado de ánimo, grupo al que pertenezco. Es más, lo lidero y creo que es el único futuro posible de la perfumería, pero sólo es una opinión.

Y es curioso como el tema del perfume levanta pasiones insospechadas porque unas y otras justificábamos nuestros puntos de vista olfativos con vehemencia. ¡Claro, es una de nuestras señas de identidad y tiene que ver con el gusto y las emociones! Compruebo de primera mano lo particularísimo e individual que es el sentido del olfato y el acto de la percepción olfativa. Tengo amigas que guardan en sus cajones, como si fueran tesoros, aquellas fragancias que adoran, pero que el sector de la perfumería ha considerado que estaban pasadas de moda y necesitaban ser renovadas. ¿Acaso les preguntaron a ellas si querían renunciar a llevarlas? 

Seguro que no. Voy a dar el nombres de dos de estos perfumes: Aqua Allegoría Flora Nerolia, de Guerlain; y “L”, de Loewe. Resulta que hubo tres coincidencias con “L” de Loewe y ya se sabe, “más de tres, es tendencia”, o por lo menos, eso dice otra de mis amigas. Desde aquí, una solicitud a las firmas para que las reediten.
No había acuerdo. Me preguntaron por qué se parecen tanto unas fragancias a otras cuando una se pone de moda… Vamos, que me dieron pie para explayarme. Pero también para observar y aprender de ellas que la coexistencia de las dos formas de entender una fragancia es una cuestión de la personalidad de cada una. Están aquellas que, por muchas explicaciones que te den, una fragancia les gusta o no, y punto. O les deja indiferente, al margen de la calidad de sus ingredientes. Y están las que precisamente por la calidad de sus ingredientes, la originalidad de la composición olfativa, el diseño del frasco… están muy dispuestas a probar y experimentar. Eso sí, ninguna aceptaba llevar cualquier fragancia que les hubieran regalado sin haberles consultado primero por sus preferencias. Eso nunca.
Y como yo no pretendo convencer a nadie de nada, me limito escucharlas por si puedo aportar alguna información que a ellas les resulte útil, saludable, divertida y placentera. Hasta otra, Beautyvictims.
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