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FÉERIE, EL HADA DE VAN CLEEF & ARPELS

El perfume debe hacer soñar siempre, porque todo lo que tenga que ve con los sentidos, si está rodeado de un halo mágico, lo hace insustituible y deseable. Dicho esto, os quiero presentar una fragancia, Féerie de Van Cleef & Arpels que me hizo recordar cómo era yo cuando todavía Peter Pan era mi película preferida y me identificaba con Campanilla, porque en la vida real me había tocado ser como Wendy.
Féerie es un hada y es un perfume a la vez. Representa la noche, el momento en el que las se pueden ver las luciérnagas y algunas fragancias despliegan lo mejor de sus aromas.
Soy nocturna por naturaleza. Desde que tengo uso de razón, las noches llenas de estrellas en parajes sin iluminar me han parecido una ventana al Universo que no me quería perder porque estaban llenas de magia.
Cuando me presentaron Féerie y olí la fragancia pensé: “¡Ya podías haber llegado antes, pero menos mal que lo has hecho!”. Y si algo tengo que agradecer a las nuevas tecnologías es que nos acercan mucho más a notas olfativas que en otra época hubieran dado lugar a fragancias demasiado densas. Por ejemplo, la violeta de Féerie creada por el perfumista Antoine Maisondieu (de la casa francesa Givaudan) es fresca porque viene acompañada de sus hojas verdes, que a la vez, combinan a la perfección con la mandarina de Italia o los brotes de grosella negra. Esas son sus notas de salida. Cuando empieza a desarrollarse el corazón encontramos que la violeta despliega toda su magnitud junto a un magnífico absoluto de rosa de Bulgaria, esencia de rosa y jazmín egipcio.
Pero las notas florales de la fragancia no terminan de desplegarse hasta que no llegamos al fondo, que es cuando se manifiesta el Iris de Florencia. Tanta excelencia necesitaba de una buena madera donde aposentarse: el vetiver de Haití. Y como os decía antes, la tecnología hace posible que se unan estos acordes y den como resultado una fragancia suave pero muy rica a la vez.
La magia se dispara en su cabujón en azul noche tallado como una piedra preciosa, la plata para las ramas que salen de su tapón, en las que se posan las hadas, y polvo de estrellas para escribir el nombre. ¿Cómo no voy a desear que llegue la noche?

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