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MI EXPERIENCIA DIESEL – FUEL FOR LIFE

Lo que voy a contar ocurrió ya hace algunos meses, pero fue tan especial para mí, que no puedo no hablar de ello en este espacio de lujo, que es un blog. La firma Diesel presentó en París su primer perfume en un super lanzamiento mundial. Y allí que nos fuimos. Si hay presentaciones “curradas”, estas es una de ellas en todos los sentidos.

A mediodía cogimos el Orient Express en una estación de ferrocarril del centro de París. Comenzaba nuestro viaje hacia algún sitio del que nadie parecía saber nada.

Durante el trayecto, un grupo de teatro hizo varios sketchs que tuvieron su gracia. Una hora de viaje hasta llegar a unos hangares en el que nos aguardaban una sorpresa detrás de otra. Bajamos del tren y nos condujeron a lo largo de una alfombra roja puesta para la ocasión, hasta llegar a los hangares. La entrada, con cortinajes negros y ausencia total de luz, recordaba esas bocas de los trenes fantasma de las ferias ambulantes de hace décadas. Sólo el blanco de los ojos, sí, el blanco de los ojos, y el blanco nuclear de los guantes de los modelos como puntos de luz.

Una luz azulada que sobrecogía un poco. Pasamos el laberinto de los cortinajes negros y las manos blancas para llegar a un gran espacio en el que nos encontramos con un maestro de ceremonias que parecía recién salido de un cuadro de Toulouse Lautrec. ¡Soberbio! Con una parrafada de 10 minutos fue capaz de presentarnos un nuevo concepto de perfume, Fuel for Life, de Diesel. La maestría que se le supone nos introdujo en un mundo en el que no hay una comunicación única, sino miles de mensajes cortos, directos, bellamente estéticos que apelan directamente a la necesidad de pasear por el lado oscuro un ratito, con la certeza del que sabe que puede vivir al límite y correr todo el riesgo que quiera que, con un chascar de dedos, está de vuelta al mundo real. Ya lo dice el slogan: “Use with caution”. Como el peligro, pero eso no lo dijeron allí.

Seguimos. En el lado izquierdo de la sala, una mesa llena de comida magníficamente presentada nos aguardaba… con un negrazo impresionante semidesnudo en medio. Un manjar entre otros manjares. Bueno, ya será menos, dirán algunos; pero se equivocan, en todo caso, más. Era un pedazo de hombre de raza negra (vosotras me entendéis). Sigo, que me pierdo. Sobre todo porque de repente empezaron a salir decenas y decenas de hombres y mujeres, todos ellos modelos de primera y guapos hasta decir ¡basta! Nunca había visto tanto guapo juto en tan pocos metros cuadrados. Impresionante.
La estética de los cabarets de los años 20′, las coreografías de Josephine Baker y las películas en blanco y negro de la década se mezclaban con los diferentes spots de tv que iban proyectándose en una pantalla gigante de forma simultánea.

Un coreógrafo, también de raza negra porque para eso bailan tan maravillosamente bien, se esforzó en que aprendiéramos una pequeña coreografía de charlestón y disfruté como hacía tiempo que no disfrutaba.

He dudado mucho antes de contar lo que me ocurrió con el coreógrafo, pero realmente es por lo que este viaje se ha convertido en un recuerdo mágico. Uno de los amores de mi vida es la danza en cualquiera de sus modalidades. Disciplina a la que he dedicado casi toda mi vida, de alguna manera, pero de la que no he hecho mi profesión por diversos motivos que no vienen al caso.

El coreógrafo marcaba los pasos y todos los seguíamos y él (¡¡Sí, él!!) se fijó en mí y me pidió que fuera su pareja de baile en lo alto del escenario. ¿Sabéis esta sensación que mezcla vergüenza con deseo? Pues eso, pero como me moría de ganas por bailar con él, decidí tragarme lo primero. Eso sí, antes de nada valoré el riesgo que corría al hacerlo, subida en unos vertiginosos tacones de Pedro García (el zapatero español) de 12 cm. Son los zapatos Mondrian, como los llama mi amigo Lucas cada vez que me los pongo. Con su punta cuadrada y su diseño inspirado en la obra de este magnífico pintor.

¿Y si se me enganchaba el tacón en el dobladillo del pantalón y me caía delante de toda la prensa mundial de belleza? ¡Adios, glamour!. El ridículo sería espantoso, pero asumí el riesgo y, finalmente, subí y bailé como pareja suya. Al acabar, mis compañeras periodistas de belleza españolas, me aplaudieron y me jalearon hasta hacerme enrojecer, y me llenaron de orgullo y de agradecimiento por su apoyo. Tanto es así que, después de una charla con una de ellas (no voy a dar nombres, pero ella sabe bien quién es) me he organizado la vida de manera que he sacado tiempo para volver a las clases de baile (jazz, para ser exactos) con una de mis profesoras favoritas. El caso es que tuve mi momento de gloria (que todos nos merecemos, según Warhol) en aquel lugar tan irreal, en París. No está mal. Nunca lo hubiera imaginado, pero casi siempre la realidad supera la ficción.

Seguimos el relato. Después de una hora y media bailando, decidí que ya estaba bien y que no me podía ir de allí sin pasearme por los vagones de trenes en los que nos reservaban más sorpresas.

Había 7 u 8 ambientes distintos, entre vagones y cabinas, en los que entrabas de la mano de un modelo, hombre o mujer, el que te tocara en ese momento, pero con una particularidad: te vendaban los ojos primero. Una vez dentro, una música relajante y sexy de fondo iba haciendo que subiera la tensión y la temperatura. La experiencia tan placentera se completaba con un masaje con una pluma mediana alrededor de cara y cuerpo. ¡Uf! Sólo de recordarlo me dan escalofríos.

Seguimos el paseo hasta encontrarnos con Renzo Rosso, creador de Diesel. ¡Dios mío, es él! El círculo se cierra, la experiencia continúa. Las barras de bebidas se encontraban abarrotadas debido al calor que hacía dentro, a lo que nos hacía sudar el coreógrafo, y a que yo no me iba de la pista nunca; pero un día es un día.

El concepto de lo que era Fuel for Life estaba comprendido y asimilado. Ya corría por las venas de toda la prensa de belleza mundial, sólo había que vernos allí a todos. Pero ¿a qué olía realmente la fragancia? ¿Me gustará o será otra fragancia más? Cojo la nota de prensa y leo: Una fragancia concebida como chipre, cuya salida de mandarina y pimienta rosa despiertan el deseo y la sensualidad… (¿y a qué huele el deseo y la sensualidad de verdad?)

Corazón de jazmín y grosella negra (nada, que no consigo hacerme a la idea, pero el jazmín lo llevo grabado de por vida) avivan la pasión (ves, en esto sí estoy de acuerdo, el olor del jazmín por la noche y cerca del mar, directamente, me pone muchísimo); las notas de fondo de pachuli y almizcle evocan un penetrante aroma (y tan penetrante, pero a la vez, tan agradable; los patchulis de ahora no son como los de antaño, pero úsalos con precaución, como la fragancia, porque son aromas poderosos).

La fragancia masculina huele a pomelo y a anís estrellado (realmente, juntos forman una nota muy fresca, pero con poderío), las notas medias son de frambuesa y lavanda (¿una nota femenina en una fragancia masculina?) y fondo de trébol y vetiver (me pregunto si será el de cuatro hojas, pero del vetiver no tengo ninguna duda: me gusta a rabiar).

El juego de la seducción está servido en el diseño del frasco, con esa rejilla para la versión femenina, y la funda cantimplora para la masculina. Lo que es la vida moderna, se nutre siempre de los éxitos del pasado.

Pero no importa, se agradecen las referencias bien hechas y las miradas hacia décadas mágicas que nos hacen viajar en el 

tiempo. I wish I was there (el originial de Pink Floyd es I wish you were here, pero seguro que no les importa que les versione).

Al despedirnos, el Maestro de Ceremonias se dirigió a mí en francés (que no entiendo mucho), y por el tono, deduje que me estaba felicitando por mi sesión de baile con el coreógrafo.

Y como de muestra vale un botón, le podéis dar al de más abajo para ver el vídeo que os va a introducir directamente en lo que fue esta experiencia Diesel.

ARE YOU ALIVE???

MUCHAS GRACIAS 
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